divendres, 28 de març de 2014

CANVI D'ESCENARI. Fallo del jurat de la VIII edició del Premi Pep Sempere



La reunió del jurat de la VIII edició del premio Pep Sempere ha canviat d’escenaris

El mar pel riu, les palmeres pel bosc …  Elx per Arenas de San Pedro.


El dia estava marcat per la reivindicació de la dignitat i així la reunió començà amb el poema de Juan Carlos Mestre

ASAMBLEA

Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,

yo les traigo el saludo solidario de los metafísicos.

También para nosotros la situación se ha hecho insostenible,

los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas.

A partir de este momento la lírica no existe,

con el permiso de ustedes la poesía 

ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno.

No lo tomen a mal,

pero aún quisiéramos pedirles una cosa,

mis viejos camaradas amigos de los árboles,

acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.



I després del debat,  l’alegria de trobar escoles com la de San Martín de Garganta La Olla que s’enreden amb caputxetes i llops engrescant a tot el veïnat, “Desde la biblioteca” projecte guanyador d’aquesta edició del Premio Literario Pep Sempere. Enhorabona.

Segurament moltes d’aquestes persones també han trobat la clivella per la que es distengeix “El árbol de oro” i amb aquest conte de Ana María Matute us convidem a les Jornades de Literatura d’Arenas de San Pedro els dies 5, 6,7,8 de juny de 2014 i a la IX edició del Premio literario Pep Sempere 2015. 
 
EL ÁRBOL DE ORO

Asistí durante un otoño a la escuela de la señorita Leocadia, en la aldea, porque mi salud no andaba bien y el abuelo retrasó mi vuelta a la ciudad. Como era el tiempo frío y estaban los suelos embarrados y no se veía rastro de muchachos, me aburría dentro de la casa, y pedí al abuelo asistir a la escuela. El abuelo consintió, y acudí a aquella casita alargada y blanca de cal, con el tejado pajizo y requemado por el sol y las nieves, a las afueras del pueblo.
La señorita Leocadia era alta y gruesa, tenía el carácter mas bien áspero y grandes juanetes en los pies, que la obligaban a andar como quien arrastra cadenas. Las clases en la escuela, con la lluvia rebotando en el tejado y en los cristales, con las moscas pegajosas de la tormenta y persiguiéndose alrededor de la bombilla, tenían su atractivo. Recuerdo especialmente a un muchacho de unos diez años, hijo de un aparcero muy pobre, llamado Ivo. Era un muchacho delgado, de ojos azules, que bizqueaba ligeramente al hablar. Todos los muchachos y muchachas de la escuela admiraban y envidiaban un poco a Ivo, por el don que poseía de atraer la atención sobre sí, en todo momento. No es que fuera ni inteligente ni gracioso, y, sin embargo, había algo en él, en su voz quizás, en las cosas que contaba, que conseguía cautivar a quien le escuchase. También la señorita Leocadia se dejaba prender de aquella red de plata que Ivo tendía a cuantos atendían sus enrevesadas conversaciones, y - yo creo que muchas veces contra su voluntad - la señorita Leocadia le confiaba a Ivo tareas deseadas por todos, o distinciones que merecían alumnos más estudiosos y aplicados.
Quizá lo que mas se envidiaba de Ivo era la posesión de la codiciada llave de la torrecita. Ésta era, en efecto, una pequeña torre situada en un ángulo de la escuela, en cuyo interior se guardaban los libros de lectura. Allí entraba Ivo a buscarlos, y allí volvía a dejarlos, al terminar la clase. La señorita Leocadia se lo encomendó a él, nadie sabía en realidad por qué. Ivo estaba muy orgulloso de esta distinción, y por nada del mundo la hubiera cedido. Un día, Mateo Heredia, el mas aplicado y estudioso de la escuela, pidió encargarse de la tarea - a todos nos fascinaba el misterioso interior de la torrecita, donde no entramos nunca -, y la señorita Leocadia pareció acceder. Pero Ivo se levantó, y acercándose a la maestra empezó a hablarle en su voz baja, bizqueando los ojos y moviendo mucho las manos, como tenía por costumbre. La maestra dudo un poco, y al fin dijo: - Quede todo como estaba. Que siga encargándose Ivo de la torrecita. A la salida de la escuela le pregunté:
- iQué le has dicho a la maestra? - Ivo me miró de traves y vi relampaguear sus ojos azules.
- Le hablé del árbol de oro. - Sentí una gran curiosidad.
- iQué árbol?
Hacia frio y el camino estaba humedo, con grandes charcos que brillaban al sol pálido de la tarde. Ivo empezó a chapotear en ellos, sonriendo con misterio.
- Si no se lo cuentas a nadie...
- Te lo juro, qué a nadie se lo diré.
Entonces Ivo me explicó: - Veo un árbol de oro. Un árbol completamente de oro: ramas, tronco, hojas... ¿sabes? Las hojas no se caen nunca. En verano, en invierno, siempre. Resplandece mucho; tanto, qué tengo qué cerrar los ojos para que no me duelan.
- Qué embustero eres! -dije, aunque con algo de zozobra. Ivo me miró con desprecio.
- No te lo creas - contestó. Me es completamente igual que te lo creas o no... ¡Nadie entrará nunca en la torrecita, y a nadie dejaré ver mi árbol de oro! ¡Es mío! La señorita Leocadia lo sabe, y no se atreve a darle la llave a Mateo Heredia, ni a nadie... ¡Mientras yo viva, nadie podrá entrar allí y ver mi árbol!
Lo dijo de tal forma que no pude evitar preguntarle: - ¿Y cómo lo ves... ?
- Ah, no es fácil - dijo, con aire misterioso. - Cualquiera no podría verlo. Yo sé la rendija exacta.-
- ¡Rendija... ?
- Sí, una rendija de la pared. Una que hay corriendo el cajón de la derecha: me agacho y me paso horas... ¡Cómo brilla el árbol! ¡Cómo brilla! Fíjate qué si algún pájaro se le pone encima también se vuelve de oro. Eso me digo yo: si me subiera a una rama,¿me volvería acaso de oro también?
No supe qué decirle, pero, desde aquel momento, mi deseo de ver el árbol creció de tal forma qué me desasosegaba. Todos los días, al acabar la clase de lectura, Ivo se acercaba al cajón de la maestra, sacaba la llave y se dirigía a la torrecita. Cuando volvía, le preguntaba: - ¿Lo has visto? - Sí - me contestaba. Y, a veces, explicaba alguna novedad:
- Le han salido unas flores raras. Mira: así de grandes, como mi mano lo menos,y con los pétalos alargados Me parece que esa flor es parecida al arzadú.
- ¡La flor del frío! -decía yo, con asombro. ¡Pero el arzadú es encarnado!
- Muy bien - asentía él, con gesto de paciencia. Pero en mi árbol es oro puro.
Además, el arzadú crece al borde de los caminos... y no es un árbol.
No se podía discutir con él. Siempre tenía razón, o por lo menos lo parecía.
Ocurrió entonces algo qué secretamente yo deseaba; me avergonzaba sentirlo, pero asi era: Ivo enfermó, y la señorita Leocadia encargó a otro la llave de la torrecita. Primeramente, la disfruto Mateo Heredia. Yo espié su regreso, el primer día, y le dije: - ¿Has visto un árbol de oro?
- ¿Qué andas graznando? - me contestó de malos modos, porqué no era simpático, y menos conmigo. Quise darselo a entender, pero no me hizo caso. Unos días después, me dijo: - Si me das algo a cambio, te dejo un ratito la llave y vas durante el recreo. Nadie te verá...
Vacié mi hucha, y, por fin, conseguí la codiciada llave. Mis manos temblaban de emoción cuando entré en el cuartito de la torre. Allí estaba el cajón. Lo aparté y vi brillar la rendija en la oscuridad. Me agaché y miré.
Cuando la luz dejó de cegarme, mi ojo derecho sólo descubrió una cosa: la seca tierra de la llanura alargándose hacia el cielo. Nada más. Lo mismo que se veía desde las ventanas altas. La tierra desnuda y yerma, y nada más que la tierra. Tuve una gran decepción y la seguridad de que me habían estafado. No sabía cómo ni de qué manera, pero me habían estafado.
Olvidé la llave y el árbol de oro. Antes de que llegaran las nieves regresé a la ciudad. Dos veranos más tarde volví a las montañas. Un día, pasando por el cementerio - era ya tarde y se anunciaba la noche en el cielo: el sol, como una bola roja, caía a lo lejos, hacia la carrera terrible y sosegada de la llanura, - vi algo extraño. De la tierra grasienta y pedregosa, entre las cruces caídas, nacía un árbol grande y hermoso, con las hojas anchas de oro: encendido y brillante todo el, cegador. Algo me vino a la memoria, como un sueño, y pensé: «Es un árbol de oro». Busqué al pie del árbol, y no tardé en dar con una crucecilla de hierro negro, mohosa por la lluvia. Mientras la enderezaba, leí: IVO MÁRQUEZ, DE DIEZ AÑOS DE EDAD.
Y no daba tristeza alguna, sino, tal vez, una extraña y muy grande alegría.



Ana Mª Matute

Editorial: Bruño. Colección Anaquel
Año de edición: 1991






















dilluns, 10 de març de 2014

RECOMANEM EN FEBRER 2014

A PARTIR DE 6-7 ANYS




El grúfal. Julia Donaldson/Axel Scheffler (il). ed.Destino, 1999/ cMillan, 2008
El grúfalo .Julia Donaldson/Axel Scheffler (il) Ed. McMillan, 2008

Llibre antic que s’ha editat de nou. És un clàssic conte d’animals, on, tal com diu Rodriguez Almodóvar, el més feble utilitza l’astúcia per lliurar-se dels perills. El ratolí, el més feble,  és enginyós i espavilat i aconsegueix  enganyar a tots. Juga amb la por dels altres i amb la d’ell mateix.

Hi ha altres tres classes d’animals: el mussol que vola, la serp que s’arrossega i la guineu que camina.... I el grúfal, …. que recorda a “Donde viven los monstruos”.

Té  una estructura rimada perfecta, d'anada i tornada, amb enumeracions i repeticions. Un llenguatge poètic , un text ric i coherent. 

Hi ha un desequilibri entre el text i les il·lustracions. El grúfal és un personatge molt aconseguit: divertit, tendre,... però la resta d’il·lustracions són prou convencionals i prescindibles.

Destaca el text rimat i poètic  en la traducció al català de l'editorial Destino de 1999 . En l'edició castellana de McMillan de 2008, no s'aprecia igual la rima i el ritme de la història .Sembla que en abril apareixerà una nova versió, en català, en Imaginàrium; confiem que la traducció s'assemble a la de Destino. 


A PARTIR DE 10-11 ANYS:


 Mi padre. Toon Tellegen. Ed. Siruela, 2005


Discurs inacabable de Josep, un xiquet que suposem d'uns cinc anys, parlant de son pare , eixe gran ídol sense fissures;
Fantasieig constant sobre un pare omnipotent, que ho pot tot.
Ironia; humor;  Recorda al petit Nicolàs.

        Y si tiras un bandido al agua, debes lanzarle de forma que rebote sobre ella: le coges por los pies y le tiras dándole vueltas. Así le puedes tirar.( pàg 13)

        Mi padre estaba enfadado. Le salían chispas por los ojos y la mesa y las sillas se incendiaron. ( pàg. 36)

No hi ha història , sinó una acumulació de disbarats sobre el pare. No és una narració lineal. L’autor escriu amb la veu del xiquet, frases curtes, inacabades, amb absència d'adjectius.

Manté la tensió tot el llibre, amb un final sorprenent , que ens ajuda a entendre el motiu real de tot el discurs.


A PARTIR DE  12-13 ANYS:



De los álamos el viento. Ramon García Mateos. Fernando Vicente ( il).Factoria K de libros ,2013


 L’autor beu de les fonts de la poesia de tradició oral i dels clàssics. Moltes de les poesies són recreacions  ( Lorca, Machado, Juan Ramón, Góngora, la copla, …), de vegades tan literals que costa veure l'empremta personal. 

 Absència de fil conductor, són poemes solts. El títol correspon al vers d'un poema. Certa irregularitat, hi ha una primera part impactant, exquisida i de gran sensibilitat, i després afluixa un poc. Però manté sempre la musicalitat i el ritme.

Les il·lustracions de Fernando Vicente són aquarel·les molt delicades i suggerents,que enriqueixen notablement els poemes.


A PARTIR DE 18 ANYS:




Poemes de l’alquimista. Josep Palau i Fabre. Edicions 62, 2013
Poemas del alquimista ( ed. bilingüe ).Josep Palau i Fabre. Galaxia Gutenberg, 2002


La 1ª edició, clandestina, fou publicada en París, 1952; la 2ª, censurada, en Barcelona, 1972 i la 3ª , restaurada,en Barcelona,en 1977.

No és una poesia de fàcil lectura. Requereix un esforç, és  poesia molt culta i amb un ritme impecable, com un diapasó.    

    Missiva
T'escric amb llapis vermell, mots de foc;
parlo del bes i ja és besar-te un poc
                ( pàg. 52. Barcelona,1940)

De vegades  sona arcaica, perduda en el temps :

        Vaig com les aus
    Vaig com les aus,     quan han perdut lo fill,
que giravolten    sense haver consol
amb crits de sang    alerten son estol
        com si lo món     entrés en gran perill. ( … )
                    ( pàg. 169,París,1946)

Demana lectura pausada I  relectura. És necessària la veu del lector i s’agraeix la lectura en veu alta i compartida. Les notes, incloses al final del llibre, i que, tal com diu l'autor, formen un tot amb els poemes, ens encaminen cap a una relectura amb altres ulls.
Ens agrada la metàfora del poeta com  alquimista.